Dejarías de dudar de ti.
Dejarías de repetir historias que no quieres.
Dejarías de frenarte.
Y empezarías a vivir distinto.
Si algo de esto te sucede:
- Te exiges mucho, pero no te sientes suficiente.
- Repites situaciones que te perjudican.
- Percibes que algo dentro de ti te frena.
- Has vivido adaptandote tanto… que te perdiste.
No te falta disciplina. No te falta fuerza.
Te has desconectado de quién eres.